El amanecer se escurre perezoso
entre rendijas de persiana.
No quiere despertarse gris,
quiere ser naranja.
Un brillante naranja, como
el del fondo del vaso
de la noche pasada.
Los brazos se agarran al cuerpo
guareciéndolo entre sábanas,
no quiere amanecer
entre espesas brumas.
Quiere un amanecer naranja,
como las noches, regadas,
por embriagadores vapores.
El amanecer y el cuerpo, se entienden,
no quieren días grises, los quieren,
naranjas.
Rosa M.
Hermoso, evocador y a la vez sencillo de comprender. Mi aplauso.
ResponderEliminar¡Qué indolentes despertares! Los poemas a menudo son portadores de grandes verdades.
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